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Durante los primeros meses de vida, es decir en la etapa de lactancia que dura hasta los 2 años de edad, el intestino, los riñones y las defensas del organismo de los infantes no están del todo maduros, motivo por el cual no es recomendable que los pequeños ingieran otro tipo de leche que no sea la indicada. La inmadurez del intestino deja pasar sustancias contra las que el organismo reacciona produciendo eczema (trastornos de piel), asma, diabetes Millitus tipo 1 y por consiguiente, alergia a la proteína de la leche de vaca.
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Administrar alimentos no apropiados durante este periodo, puede resultar perjudicial; por ello se aconseja alimentar al niño o niña de acuerdo a su edad, siguiendo siempre las instrucciones del pediatra o nutricionista infantil.
La leche materna es el alimento natural más completo y nutritivo que la criatura necesita para su crecimiento y desarrollo durante los primeros años de vida. Su ingesta favorece la digestión, aporta suficiente cantidad de agua y proporciona protección contra las infecciones gastroinstestinales, respiratorias y del oído. Con este tipo de alimentación, disminuyen los riesgos de alergias alimentarias, las diarreas son menos frecuentes y cuando ocurren son más leves y la recuperación es mucho más rápida.
Si la niña o niño es mayor de 6 meses de edad o menor a 1 año y ya no toma pecho materno, existen otras alternativas para su alimentación, una de ellas es la leche de fórmula, mal llamada maternizada, que pasa a ser un sustituto de la leche materna.
¿Es recomendable que los niños que se encuentran en etapa de lactancia ingieran leche entera?
La leche de vaca y sus derivados o leches comerciales que se obtienen de su procesamiento, suelen presentar muchas desventajas en la salud y bienestar de los pequeños como: infecciones, dificultades en la digestión y alergias.
La leche de vaca es más difícil de digerir en los primeros meses de vida, pues no contiene lipasa (presente en la leche materna) necesaria para la digestión de las grasas y por su alta cantidad en caseína (proteína), y favorece el estreñimiento.
Contiene componentes alimenticios inadecuados para esa edad. No contiene algunos aminoácidos esenciales para esta edad, como los son la cistina y la taurina, esta última de gran importancia en el desarrollo del cerebro.
La leche de vaca tiene más calcio que la materna, sin embargo, esta última se absorve mejor. Tampoco el zinc es absorvido de forma suficiente, solo en un 28%, mientras que con la leche materna este elemento es aprovechado en un 42%.
No obstante, la leche de vaca no contiene la cantidad suficiente de vitaminas que el niño o la niña necesita, pero sí un alto nivel de sodio, no saludable para el organismo, principalmente para esta etapa.
La leche de vaca no cuenta con suficiente proporción de ácidos grasos esenciales y de colesterol para cubrir los requerimientos del crecimiento cerebral que tiene lugar durante los primeros años de vida del menor.
Es importante recordar que las leches artificiales no contienen los anticuerpos que protegen a las niñas y niños contra las infecciones, que sí se encuentran en la leche materna. Por eso es fundamental brindar al hijo/a la experiencia de la lactancia materna exclusiva hasta el sexto mes de vida, al cabo de este tiempo, el niño o la niña puede seguir mamando hasta los 2 años, complementando su alimentación con otros alimentos saludables como verduras, frutas, cereales y derivados, además de carnes y aceite vegetal.
Fuente: Ministerio de Salud
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